31 jul 2012

TEORIAS Y RESULTADOS



Tuviste 7 años y ya sabias que el mundo estaba al revés,
A los 15 te convertías  en el ser más monstruoso que tu existencia podía experimentar,
A los  22 todavía te enamorabas como síndrome de enloquecimiento y entrega de corazón sin coraza,
A los veintitantos, (que ya no se pueden exponer en público porque en cada cumpleaños tus amistades se darían cuenta de tu verdadera edad)… a esa edad, te das cuenta que es verdad:
Que el mundo está al revés, pero tenemos remedios personales para combatir la guerra de las discordias, con pequeños detalles que antes no percibíamos. Porque cosa que se aprende con los años, son los pormenores que ayudan a sacarle jugo a cualquier circunstancia. Como el efecto mariposa (ya saben de qué hablo…)
Pero también nos damos cuenta que ya no somos monstruos, que somos unas bestias en medio de mas bestias. Todos metidos en este globo de agua y tierra, cada cual intentando sobrevivir, de presumir, de igualar, de superar, de expresar, de caminar, de embriagar, de pecar y de empatar. Porque así somos, terribles, llenos de esperanzas, y de susceptibilidades. Y ya hemos comprendido a no esperar nada de nadie, por eso es que a los veintitantos años, ya no nos enamoramos como síndrome de pubertad y dependencia. Ahora nos enamoramos con criterios (jaja). Quién diría que algún día diría esto, pero a quien no le ha tocado la tusa de 3 meses y luego obtener como recompensa un corazón de piedra?. A quien no?
Aunque a esta edad ya no es tan fácil enamorarnos, eso de volar en las nubes y ver luces de colores esta como difícil con tanta noticia indecente en  la tv., con tantas cosas por  hacer, con tantos pendientes, con tanto trabajo, tanto estudio, con tanto de todo y tan poco de lo importante.
A esta edad ya no nos enamoramos como en Padres E Hijos, ya no nos entusamos como quinceañeras… a esta edad  nos acostumbramos a superar los obstáculos, a comprender que este mundo está repleto de bestias,  y que somos felices con los detalles (pendejadas) del día a día. A esta edad está claro, que la dependencia emocional es un mito enterrado hace tiempo, que las oportunidades se aprovechan y que lo que funciona y no funciona, son cuestiones de gratitud; bien sea que las cosas terminen bien o mal. Igualmente, se sacan experiencias provechosas de cada camino que se ha tocado sembrar.
Y es verdad, a los veintitantos, ya no se puede decir la edad en público, que dirían las generaciones que se graduaron contigo en el colegio, o la gente de la universidad que te ve pasar por la calle y lo único que se te pasa por la cabeza es el maldito miedo al comienzo de la llamada edad madura, esa, en que te salen patas de gallina y si no has encontrado tu “macho” hasta los 30, te empezaran a llamar solterona.
Pero que importan los años de experiencia… que importa que tu metabolismo no sea el mismo de hace 10 años, que podías comer cuanto quisieras y  jamás lo verías reflejado en la balanza. Qué importa que ya no te enamores con tanta facilidad, que ahora andes con coraza y que en el rato menos pensado PUM!.  Como todo en la vida, las cosas pasan cuando menos las esperas, eso también lo aprendes con los años, así como no se espera nada de las bestias, tampoco se debe esperar nada del espacio. Sin embargo, siempre existen excepciones; puede que resulte que termines un día de estos con las feromonas incrustadas en el “airesito” del amor, y nadie más te reconozca en la calle. Porque eso sí, cuando te englobas con una bestia, te volvés una bestia (casi literalmente).
La idea esta básicamente en querer sin enfermar, en amar sin cohibir, en compartir sin esperar, en aprender  sin desquitar, en valorar sin perder, en confiar sin cegar, en luchar sin terquedad.
Quizás a esta edad todavía no se ha aprendido a combatir las duras luchas que se avecinan para terminar de completar el cuadro psiquiátrico perfecto, pero ya bastante haz involucrado como para saber que ya no te meten facilmente los dedos a la boca.
A menos que como dije, que te enamores… y PUM!.
Fixmoon




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